Es habitual pensar que una sartén antiadherente se estropea simplemente por el paso del tiempo, pero en la mayoría de los casos el recubrimiento se deteriora antes de tiempo por unos pocos hábitos de uso que se pueden corregir fácilmente sin cambiar de sartén.
Usar utensilios metálicos (espátulas, tenedores o cucharas de metal) para remover o servir directamente sobre el antiadherente es una de las causas más comunes de que el recubrimiento se raye y pierda eficacia con el tiempo. Como recoge la guía de sartenes antiadherentes de este sitio, los utensilios de silicona, madera o nailon evitan ese desgaste y alargan bastante la vida útil del recubrimiento.
Cocinar a fuego muy alto de forma habitual también deteriora el antiadherente más rápido de lo esperado: la mayoría de recubrimientos están pensados para fuego medio, y el calor excesivo puede degradar la superficie con el uso repetido, además de aumentar el riesgo de que la comida se pegue precisamente por el sobrecalentamiento del aceite o la grasa.
Dejar la sartén enfriarse de golpe bajo el grifo justo después de cocinar, en caliente, provoca un choque térmico que puede acelerar el desgaste del recubrimiento con el paso de los meses. Dejarla templar unos minutos antes de lavarla es un hábito sencillo que cuesta poco y protege bastante la superficie.
Apilar sartenes directamente unas sobre otras en el armario, sin ninguna protección entre ellas, también raya el antiadherente con el roce repetido cada vez que se saca o se guarda una pieza. Un paño, una funda protectora o simplemente guardar las sartenes de pie con separadores evita ese contacto directo entre superficies.
